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Artículo.

  • Ali Michelle G. Uriostegui

¿Qué es el amor romántico y por qué deberíamos desaprenderlo?



Hace unos días terminó el mes del amor, febrero. Es justo en esta época cuando vemos por todos lados corazones y flores, nuestras redes sociales están llenas de frases e imágenes que lo celebran, también las plazas comerciales y la televisión basan su publicidad en un cúmulo de promociones que nos invita a comprar con el pretexto de hacer feliz al ser amado.



De pronto, todo está rodeado de un aura que nos incita a sentir eso, el amor, pero no cualquier tipo de amor. No es el amor que sentimos por la familia, por los amigxs o por ti mismx, es el amor por la pareja, especialmente la pareja en una relación heterosexual. Ese tipo de amor al que llamamos amor romántico.

Ante este panorama sería oportuno preguntarnos ¿Qué es el amor romántico? ¿Qué tiene que ver el amor con un ramo de flores y una caja de chocolates? ¿Hombres y mujeres aman de la misma forma? ¿Por qué deberíamos cuestionarnos la forma en qué amamos?


El amor puede ser explicado desde diversas disciplinas, podemos entenderlo como un conjunto de reacciones neuroquímicas, o podríamos hacer un recorrido histórico sobre las distintas concepciones que se han tenido de él a lo largo del tiempo. Desde las ciencias sociales podemos partir de la premisa de que el amor es una práctica social, cultural y política que se ha transformado. El amor y las narrativas sociales que nos dictan como amamos, no son universales, son parte de contextos sociales específicos, amar es un proceso de socialización, por tanto, es necesario mirarlo con ojo crítico y analizar como las condiciones sociales-culturales están inmersas en nuestras relaciones sexo- afectivas.


El amor romántico ha sido un paradigma que nos ha dictado de qué manera debemos amar, por ello, es importante saber cuáles son sus fundamentos y los mecanismos de opresión que operan dentro de su estructura. En el siglo XVI con la popularización de las novelas de caballería, se fue construyendo un estereotipo de los roles que las mujeres y los hombres debían cumplir; ellos valientes y heroicos dispuestos a participar en trágicos combates con el objetivo de conquistar el amor de su amada, por otro lado, en estas historias las mujeres esperaban ser rescatadas, idealizando el amor de su caballero.


Estos roles y estereotipos de las relaciones heterosexuales fueron transformándose con el paso del tiempo, sin embargo, el rol que debían cumplir hombres y mujeres dentro de sus relaciones sexo-afectivas ha sido relativamente la misma hasta nuestros días. Dicho estereotipo se reforzó con el apogeo de la sociedad burguesa en los siglos XVIII y XIX. Sus ideales basados en las libertades individuales, la propiedad privada y el Estado, tenían como pilar fundamental la familia, institución que continuaría por perpetuar los roles de género, en donde el hombre tendría mayor presencia en asuntos de la vida pública como la política, los puestos de trabajo y la intelectualidad, mientras que las actividades asociadas a las mujeres como la crianza, el trabajo doméstico y la maternidad, quedarían relegadas a la vida privada.


Es a partir de estos contextos que el ideal del amor romántico va tomando forma y adquiere características que van a regir gran parte de nuestras relaciones, aún en la actualidad. La atracción sexual y el amor pasan a formar parte primordial de las relaciones sexo-afectivas, constituyendo así, una serie de características que deben ser cumplidas. Marcela Lagarde, antropóloga e investigadora mexicana, identifica tres pilares del paradigma del amor romántico:

La idealización del sujeto amado.
La exclusividad/ fidelidad obligatoria .
La relación sexo-afectiva como proyecto de vida, incluyendo la reproducción.

Estos pilares que dictan la forma en la que nos relacionamos sexo-afectivamente, crean disparidades en las relaciones, porque la manera en que hombres y mujeres amamos es desigual, se nos ha enseñado desde nuestro núcleo familiar, los medios audiovisuales, la escuela, la religión, entre otros ámbitos que el hombre debe cumplir un rol de protector/ proveedor (sujeto activo) y la mujer un rol de madre/cuidadora (sujeta pasiva). Pensemos en el Día de San Valentín, ¿Cuál es la escena típica de esta celebración? Una pareja heterosexual en la que el hombre sorprende a su amada con flores y chocolates, mientras ella lo ve enamorada, él sujeto, ella objeto.


Pero el amor romántico no solo son corazones y rosas, es un conjunto de ideales y estereotipos que rigen nuestras relaciones y que funcionan como instrumentos de opresión que perpetúan los roles de género. El amor romántico promueve las dinámicas de poder en las relaciones, utiliza el amor como instrumento de control y subordinación para las mujeres. Estas dinámicas pueden verse reflejadas desde la aceptación de conductas violentas, los celos, el reparto desigual de las labores domésticas, la desigualdad de oportunidades laborales hasta la máxima expresión de la violencia hacía las mujeres, el feminicidio, entre muchas otras.


Bell Hooks escribía que si queremos crear una cultura del amor distinta debemos hacer grandes cambios, para ello es importante analizar las características culturales del amor que tenemos como referentes para construir nuestras relaciones sexo-afectivas.

No existe una única forma de relacionarnos, el amor romántico es un ideal que tiene vigencia hasta nuestros días, por ello, es importante cuestionarlo y desaprenderlo. ¿Quién se beneficia del amor romántico? ¿Por qué amamos cómo amamos? ¿Podemos amar de otras formas?



Pensemos el amor como una práctica política con posibilidades de transformación social, creemos vínculos sexo-afectivos que no tengan que cumplir con estas expectativas. Pensemos que otras formas de amar son posibles.



Ali Michelle G. Uriostegui

Historiadora

Instagram @aliimichelle




Libros recomendados


Hooks, B. (2000). Todo sobre el amor. Ediciones B.


Lagarde, M. (2001). Claves feministas para la negociación en el amor. Puntos de encuentro.