Articulo.

Música y comportamiento



¿Cuántas veces has escuchado música rock y de repente te dan ganas de saltar?, ¿o escuchas las cumbias guapachosas y te salen las ganas de persignar el piso y qué el pasito corazón y no sé cuántos pasos más?, o incluso hoy en día ¿apoco no escuchas “Tragos de Amargo Licor” del acordeonista Ramón Ayala o canciones del recientemente finado Vicente Fernández y te dan ganas de brindar? Y así muchos ejemplos más que podría escribir y que no terminaría de enumerar aquí. Pues resulta que muchas veces tenemos sentimientos relacionados con las canciones (inclusive con las letras y la música), sin embargo, algunas veces estas canciones nos generan el impulso de realizar una acción y más interesante aún, nos transforman, ya que de alguna manera en el concierto somos o nos comportamos de una forma, pero al concluir y durante el regreso a casa te transformas en tu yo cotidiano.



Breve recorrido de la historia musical

Flauta hecha de huesos de aves y marfil de mamut que tiene entre 42,000 y 43,000 años de antigüedad. Créditos Nicholas J. Conard, Maria Malina & Susanne C. Münzel @Nature

La música ha estado presente desde nuestros principios sobre la Tierra. Si partimos de los inicios de la evolución humana, donde se considera que venimos de varias mejoras genéticas creadas por la naturaleza para llegar a lo que somos hoy, siempre hemos hecho y percibido sonidos. Un claro ejemplo de ello son las vocalizaciones que hacen los monos u orangutanes para comunicarse, posteriormente evolucionamos a los sonidos que se emitían al golpear con huesos los troncos de los árboles. Muchos años después, se empezaron a crear los primeros instrumentos musicales como la flauta que aprecias en la imagen.




Ya cuando teníamos uso completo de razón, empezaron a existir instrumentos musicales más elaborados. En un principio fueron usados o creados para encantar al oído con las melodías que salían de ellos al ser tocados e interpretados. Después, progresaron de ser instrumentos musicales manuales que creaban música (que podríamos llamar pura), a el uso de dispositivos electrónicos y recursos valiosos como las actuales inteligencias artificiales que hoy en día pueden crear o completar sinfonías como lo es la Sinfonía n.°8 (incompleta) de Schubert. Esta pieza artística fue completada por Inteligencia Artificial de una reconocida marca de teléfonos celulares (puedes leer más y escucharla aquí), al grado que ya no puedes distinguir si es música creada con un instrumento musical real o virtual.


Frecuencias: la clave de todo


La frecuencia se define como la cantidad de veces que se repite algo en un determinado lapso de tiempo, en la música se relaciona con la vibración que puede estar en:

  • Cuerda de piano: Un pequeño martillo golpea la cuerda y deja una vibración residual de ese golpe.

  • Guitarra: Instrumento de cuerda pulsada que requiere de un agente externo para que empiece a vibrar.

  • Clarinete: Instrumento de viento o llamado aerófono en el que es necesario una inyección de aire para vibrar.

Y así como estos hay infinidad de instrumentos, pero que al final lo que emana de ellos es una vibración, la cual consiste en el viaje de ondas de energía a través de un medio (por medio, me refiero al vehículo por donde viajan dichas ondas) como lo es el aire, una cuerda metálica, etc. Si juntamos estos dos conceptos de frecuencia y vibración, una onda (producto de una vibración) es un movimiento repetitivo arriba-abajo denominado oscilación, y el número de veces que esa onda va de arriba abajo durante un segundo es a lo que se denomina frecuencia y es medida en Hercios o Hertz (Hz).


Entonces, a cada vibración le corresponde una frecuencia, y de aquí es donde surgen las notas musicales. Sí, así es, cada nota musical que conoces (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La Si) tiene una frecuencia particular como lo ves a continuación:



Nosotros como seres humanos sólo percibimos un determinado espectro (rango) audible, es decir, podemos escuchar en un rango que va de 20 Hz hasta 20.000 Hz (aunque esta última va disminuyendo conforme aumenta la edad de la persona [dato curioso, si revisas el empaque de tus audífonos y te vas al apartado de rango, vas a encontrar estos números, ya que son los que puede percibir un oído sano]). Pero hay otras que van por encima o por debajo de estas audiofrecuencias, es decir, cuando las frecuencias son menores a 20 Hz, se denominan infrasonidos y cuando son superiores a los 20.000 Hz, se llaman ultrasonidos.


¿Dónde queda el comportamiento en todo esto?


Seguro que hasta este punto te preguntas dónde queda el comportamiento, ya que no lo he mencionado para nada. El comportamiento es la exhibición de una respuesta generada por la presencia o ausencia de ciertos estímulos tal como lo menciona Maydolis Guerrero y colaboradores en su artículo Efecto de la música en el comportamiento del ser humano. Para este caso los estímulos son auditivos que en sí exponen conductas que nos llevan a cambiar la forma en la que nos ven los demás y también la manera en cómo nos percibimos a nosotros mismos.


En el entorno científico se han dado a la tarea de estudiar y analizar cuáles son los efectos de la música en diversos aspectos humanos, como lo puede ser su efecto sobre algunos órganos de tu cuerpo, cómo actúan en la regulación de tu estado de ánimo o cómo procesas algunas de tus emociones. En un estudio realizado por Leah Sharman y Genevieve Anita Dingle en 2015, se presentó la teoría de que la música extrema es capaz de generar ira o agresión. Sin embargo, los resultados demostraron algo diferente.


En su protocolo experimental especificaron los rangos de edad de los participantes, el volumen de los estímulos auditivos, géneros musicales: Heavy Metal, Punk, Hardcore y Scream, años como oyentes de música, y sus antecedentes de padecimientos como ansiedad, depresión o estrés, e incluso un control sobre su ritmo cardiaco. Todo esto con la finalidad de inducir ira a los participantes mediante la emisión de música de un género de los antes mencionados de manera aleatoria por tiempos determinados, con lo cual se logró obtener y afirmar que mediante la escala de afecto positivo y negativo (PANAS), la irritabilidad y estrés aumentaron mediante la inducción, pero que en realidad este tipo de música no te lleva a enojarte más durante la escucha, por lo que además podría llevarte a un mejor manejo de emociones.


Otro caso similar es el de Suvi Saarikallio y Jaakko Erkkilä (2016), quienes tenían otra idea en mente, el de explorar y estudiar cuál era el papel de la música en el estado de ánimo en personas adolescentes y cómo es regulado. Para poder afirmar o refutar su objetivo principal, realizaron entrevistas y formularios de seguimiento, en los que establecieron diferentes estrategias de regulación: entretenimiento, reanimación, diversión, descarga emocional, trabajo mental, sensación de fortaleza, consuelo. El procesamiento de toda esta información resultó en un modelo teórico en el que la música se comporta como un elemento de recompensa de los objetivos personales de los participantes, que son relacionados con el estado de ánimo a través de diversas actividades musicales como lo son escuchar música, tocar un instrumento, cantar, componer o simplemente bailar. Por lo que no es de extrañarse que el hecho de escuchar tu música preferida te ayude a aumentar y restaurar tu sensación de bienestar, además de hacerte ver de forma más variada y colorida tu vida afectiva, porque la música tiene esa capacidad de promover la autorregulación de tus emociones. Así que te recomiendo que analices lo que escuchas y disfrutes de la música que te gusta, pero no a volumen muy alto y no por muchas horas del día para evitar la Hipoacusia – Pérdida de la audición.





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